dijous, 19 de febrer del 2009

¿Qué nos hace humanos?

Doscientos años después del nacimiento de Charles Darwin, y pese a los avances en genética y neurofisiología, la ciencia aún carece de una respuesta a qué nos define como especie


Genes que se copian y saltan - PUBLICO
JAVIER YANES - MADRID - 11/02/2009 20:00

"La pregunta más difícil es: ¿qué nos hace humanos? [...] El grado de variación fenotípica [entre humanos y chimpancés] no está estrictamente relacionado con el grado de variación en la secuencia". Con estas palabras se abría la discusión del estudio, publicado en Nature en 2005, en el que se analizaba el primer borrador del genoma del chimpancé. Los investigadores hacían notar así que, comparando los genes de humanos y simios, sería difícil predecir especies tan distintas. Cuatro años después, otro trabajo en el último número de Nature, encabezado por el español Tomás Marqués-Bonet, recalca que "las proteínas [de humanos y chimpancés] son virtualmente idénticas".

Después de 150 años de biología evolutiva, inaugurada por Charles Darwin y su Origen de las especies, las preguntas sobre la condición humana continúan vigentes. El científico inglés supo leer en la naturaleza un pasado común para simios y humanos. Las herramientas disponibles hoy permiten arrostrar la evolución del Homo sapiens desde múltiples frentes, como la paleoantropología, la neurofisiología o la genética, que complementan las huellas del pasado con las versiones alternativas de la ruta evolutiva. Entre estas, el chimpancé es una referencia viva, un código base para descifrar el origen humano


Tonegawa, neurobiólogo y Nobel: "Aún no sabemos qué son los seres humanos"

Hasta la fecha, los eslabones perdidos continúan en paradero desconocido, y el Homo sapiens, la única especie terrestre capaz de sentir inquietud por tales asuntos, aún ignora dónde reside la diferencia que le impulsa a plantearse estas cuestiones ante la pantalla de un ordenador, en lugar de, como otros primates, pasar la vida disfrutando de un atracón de insectos en cualquier bosque africano.

"Aún no sabemos qué son los seres humanos", confesaba a Público el neurobiólogo Susumu Tonegawa. Este premio Nobel resaltaba la difusa brecha que separa al Homo sapiens de los simios: "Gente como Chomsky defiende con ahínco que el lenguaje evolucionó con el Homo sapiens, pero los simios tienen un lenguaje primitivo".

La afirmación de Tonegawa tiene fuste neurológico desde que en 1998 se rompió uno de los mitos sobre el privilegio del cerebro humano, la presencia de una región llamada planum temporal cuya asimetría se relaciona con las facultades del lenguaje y la música. Ese año, Patrick Gannon, del Hospital Mount Sinai de Nueva York, dirigió un estudio publicado en Science que descubría esta característica en el cerebro de los chimpancés, situando el origen de este rasgo anatómico hace más de ocho millones de años, antes de la separación de ambas ramas evolutivas.

¿Tienen los chimpancés un potencial para el lenguaje mayor que el que demuestran? "Los simios poseen capacidades que no desarrollan en la naturaleza si no se dan las condiciones adecuadas", explica el primatólogo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Josep Call. Este investigador expone un ejemplo para comprender la justificación evolutiva: "Nosotros no fuimos seleccionados por la evolución para leer y escribir, pero logramos hacerlo. Esto es posible porque nuestro sistema cognitivo, y el de los chimpancés, es flexible y complejo".

Industria y cultura

Las observaciones de los primatólogos no dejan de estrechar la grieta del privilegio humano. "En los años 50 se pensaba que el uso y fabricación de instrumentos era exclusivamente humano, pero hoy esto no se sostiene", dice Call, quien en 2006 publicó en Science que los chimpancés en laboratorio, pero no en libertad, guardan herramientas para el futuro. En los últimos años se han descrito otras habilidades de estos simios, como cazar usando palos a modo de lanzas, consumir plantas con propiedades curativas o manejar utensilios para desenterrar raíces y tubérculos.

Araque, neurólogo: "Lo propio del cerebro humano no es tener más neuronas"

El escalón de la fabricación de herramientas también ha sido superado. Call adelanta a Público la próxima aparición en Biology Letters de un estudio que ha completado en colaboración con Crickette Sanz y David Morgan y que revela una nueva habilidad de los chimpancés salvajes. "Empleando los dientes, deshilachan el extremo de un palo como si fuese un pincel, y luego lo introducen en un termitero. Las termitas muerden las fibras y son capturadas". Call precisa que "el pincel es más eficaz para atrapar termitas que el palo sin trabajar".

Dado que técnicas como estas se transmiten a las generaciones sucesivas, ¿se puede hablar de cultura? "Así es, desde el punto de vista biológico", responde Call, apuntando una diferencia fundamental: "Nuestra cultura es acumulativa, la de los chimpancés, no. No hay una sola persona en el mundo con todos los conocimientos que requiere fabricar un bolígrafo desde cero".

Sin olvidar otros logros anatómicos y funcionales de los sapiens, como el bipedalismo, el rastro de las pistas sobre lo típicamente humano conduce al cerebro. Para el neurobiólogo del Instituto Cajal (CSIC), Alfonso Araque, la clave está en el tejido fino del cerebro, aunque "probablemente no es una sola característica la que nos hace humanos". El investigador plantea una aparente paradoja: "El cerebro humano es un 300% mayor que el de un chimpancé, pero solo tiene un 125% más de neuronas".

Para Araque, la solución al acertijo radica en los astrocitos, células del sistema nervioso que acompañan a las neuronas y que han pasado de considerarse un simple soporte a revelarse como actores de peso en la transmisión y el almacenamiento de la información. El neurobiólogo aporta un dato revelador: "Como ya escribió Ramón y Cajal en 1913, la proporción de astrocitos respecto a neuronas aumenta en la escala evolutiva. En los humanos es 10 veces mayor".

Tanto la anatomía cerebral como sus implicaciones funcionales dependen, en último término, de una arquitectura genéticamente programada. El descenso al alfabeto de los genes insinúa algunas respuestas, pero no de forma inmediata. El grado de similitud entre el genoma humano y el del chimpancé barre una horquilla del 95% al 99%, dependiendo del método empleado para la comparación. Parece lógico que los esfuerzos debieran dirigirse a ese escaso 5%, pero no es tan sencillo como localizar el rincón del genoma donde se esconde lo humano. La diferencia está enormemente repartida en pequeñas dosis por todo el genoma; el resultado es, como dice el estudio de Marqués-Bonet, "proteínas virtualmente idénticas", como si la tenue pista de los genes se borrara por completo en su producto, las proteínas. Ni siquiera en un gen como FOXP2, relacionado con el lenguaje, los humanos aportan apenas nada nuevo a la versión que posee un ratón.

Cuestión de grado

Pero el callejón tiene salida, una vía rompedora abierta gracias al trabajo que Marqués-Bonet y Arcadi Navarro, del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC y Universidad Pompeu Fabra), han desarrollado en colaboración con investigadores de EEUU e Italia. Marqués-Bonet, hoy en el laboratorio de Evan Eichler de la Universidad de Washington, señala que la comparación tradicional entre genomas se hace gen a gen, lo que permite descubrir los polimorfismos puntuales variaciones en una letra del ADN y secuencias cortas insertadas o eliminadas.

Call, primatólogo: "Los chimpancés poseen una cultura transmisible"

El nuevo enfoque, más panorámico, ha revelado que muchos segmentos aparecen copiados en múltiples lugares del genoma y que estas duplicaciones varían enormemente entre especies como el macaco, el orangután, el chimpancé y el humano. "Hemos encontrado muchas diferencias", dice Marqués-Bonet, advirtiendo de que humanos y chimpancés podrían situarse hasta 10 veces más alejados genéticamente de lo que se sospechaba hasta ahora.

El resultado se traduce en "distintas cantidades de proteína", apunta el científico. ¿Podría algo tan sutil explicar el hecho humano? "Diferencias como éstas influyen en el fenotipo, por ejemplo en la resistencia de los macacos al sida". Curiosamente, la hipótesis trae a la memoria la afirmación darwiniana de que lo humano no es una cuestión de distinto tipo, sino de distinto grado. Marqués-Bonet es prudente: "No decimos que esto nos haga humanos. Pero podemos empezar a buscar".

La búsqueda proseguirá. Según la experta en chimpancés, Jane Goodall, "lo que nos hace humanos, creo, es la capacidad de plantear preguntas". Quizá lo esencial no es tanto saber qué nos hace humanos como no dejar nunca de formularnos la pregunta.

«La humanidad sigue evolucionando»

Entrevista con Tomás Marqués-Bonet, genetista evolutivo de la Universidad de Washington (EEUU)

¿Por qué la metodología del estudio es novedosa?

Hemos revelado regiones del genoma que no se miraban por ser demasiado complicadas. Gracias a esto hemos observado muchas diferencias entre los genomas de cuatro especies de primates (humano, chimpancé, orangután y macaco) que hasta ahora estaban ocultas. Se trata de duplicaciones segmentales que esparcen múltiples copias de fragmentos por todo el genoma, en distintos cromosomas.

¿Qué implicaciones tiene esto en la evolución de los primates?

El consenso en biología humana dice que en los primates el ritmo de variación del genoma es mucho más lento que en otras especies, que su genoma es más estable. Y en efecto hay una deceleración en polimorfismos puntuales, pero en cambio descubrimos que hay una aceleración en estas duplicaciones en la rama de chimpancés y humanos.

¿Cuál es el motivo?

No lo sabemos. Es posible que contribuyera el hecho de que los humanos sufrieron un cuello de botella –disminución drástica de la población– en su historia temprana.

Usted afirma que estas duplicaciones pueden ser evolutivamente importantes e influir en la diferencia de fenotipos entre especies. ¿Pueden diferenciar también a unos humanos de otros?

Sí, también diferencian los fenotipos dentro de una especie. Algunos de mis colegas trabajan en la influencia de este factor en la susceptibilidad a enfermedades. En los macacos, distinto número de copias de un gen determina una diferente resistencia al sida. También hemos comparado los tres genomas humanos disponibles y hemos visto que más del 99% de las duplicaciones en un genoma están presentes en los otros, pero varía el número de copias.

Las nuevas tecnologías de secuenciación de genomas se desplazan hacia fragmentos más pequeños.

En efecto, las nuevas tecnologías leen fragmentos cada vez más pequeños, y esto no facilita la búsqueda de duplicaciones. Por tanto, los nuevos genomas completos que vayan apareciendo pueden ignorar estos cambios.

¿Continúa evolucionando el ser humano?

Sin duda. Cada uno de nosotros deja a sus hijos 4 o 5 variantes genéticas que uno no tenía, así que este ritmo mínimo continuará, porque es independiente de los cambios en la sociedad. Otra cosa es lo que ocurra con nuestra especie en el futuro. La evolución ayuda a entender el pasado, pero no predice el futuro.


Fuente: http://www.publico.es/ciencias/199762/humanos

La misma calidad de vida con menos electricidad

La misma calidad de vida con menos electricidad

La Sociedad 2.000 Vatios propone varias medidas para reducir el consumo y evitar una crisis energética mundial

Los consumidores pueden reducir su consumo energético sin mermar su calidad de vida, lo que se traduce en un menor gasto económico y una importante reducción del impacto ambiental. Así lo creen los responsables de la Sociedad 2.000 vatios, que han diseñado diversas medidas para lograr a mediados de siglo que todos los habitantes del planeta puedan vivir con la cantidad de energía por año que da lugar a su nombre. Suiza ya se beneficia de este proyecto, que depende de que toda la sociedad asuma las ventajas de ser más eficientes en el consumo de energía.

  • Autor: Por ALEX FERNÁNDEZ MUERZA
  • Fecha de publicación: 9 de febrero de 2009

- Imagen: Antonio Zugaldia -

Las medias estadísticas dicen que si una persona tiene dos coches y otra ninguno, las dos tendrán uno. Algo similar sucede con el consumo energético mundial por persona. La media lo sitúa en 2.000 vatios al año, pero el contraste entre países es muy marcado. No es lo mismo vivir en Estados Unidos, donde cada persona consume de media al año 12.000 vatios, que en Europa, donde dicho consumo se reduce a la mitad. Un lujo en ambos casos, teniendo en cuenta que por ejemplo, un ciudadano de Bangladesh no utiliza más de 260 vatios anuales.

En Estados Unidos una persona consume de media al año 12.000 vatios, en Bangladesh no se utiliza más de 260

Estas grandes diferencias suponen para el futuro un grave problema de insostenibilidad. Además de que el consumo energético mundial se ha disparado en las últimas décadas, los países pobres aspiran a conseguir el mismo nivel de desarrollo que los más industrializados, para lo que pretenden aumentar su consumo energético. Pero como la eficiencia energética de los países en vías de desarrollo es muy baja, necesitarán aun más energía que las primeras potencias. En definitiva, el enorme aumento en el uso de los recursos naturales sería inviable y conllevaría unos efectos catastróficos para el medio ambiente.

Sin embargo, para mejorar la calidad de vida no hace falta incrementar sin más el gasto de energía, sino más bien utilizarla de forma eficiente. De hecho, hay países con un alto consumo energético pero un índice de desarrollo humano relativamente bajo.


- Imagen: Chuck Coker -

Con esta premisa, un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico Federal Suizo de Zurich (ETH en sus siglas alemanas) constituía en 1998 el proyecto "Sociedad 2.000 vatios". Como su nombre indica, su objetivo es lograr que el consumo energético mundial sea realmente igualitario, de manera que cada habitante del mundo disponga de 2.000 vatios de energía al año. Para lograr esta idea, garantizando el desarrollo sostenible de toda la humanidad sin menoscabo de la calidad de vida, los responsables del proyecto plasmaron una serie de medidas en el informe "Pasos hacia una sociedad de 2.000 vatios".

El estudio asegura que hoy día la eficiencia energética se puede mejorar en gran medida detectando y eliminando las pérdidas de energía, aprovechando mejor los productos y aumentando la eficiencia de los materiales. Asimismo, el informe señala la necesidad de controlar todo el proceso productivo, desde la generación hasta el consumo, y generalizarlo a toda la sociedad, tanto de manera colectiva como individual. En este sentido, los consumidores son parte fundamental de esta iniciativa, al poder tomar decisiones capaces de reducir su gasto energético, ahorrando de paso importantes cantidades de dinero. Por ejemplo, los expertos del ETH aseguran que las viviendas podrían reducir la energía destinada a calefacción en un 80% si se instalasen los actuales sistemas de aislamiento.

Predicar con el ejemplo

Una vivienda convencional requiere 1.400 vatios por persona, mientras que otra construida con el estándar suizo "Minergie-P" necesita sólo de 350 a 550

Para llevar a la práctica estas ideas, el ETH creaba el instituto Novatlantis, con el apoyo de instituciones suizas y varias empresas. En 2001 se ponía en marcha un proyecto piloto en Basilea. La elección no fue casual: este cantón suizo se caracteriza por la alta concienciación medioambiental de sus ciudadanos, por ser la sede de multinacionales como Novartis y Roche, que se han involucrado en el proyecto, y por su ubicación estratégica, que puede servir de ejemplo al resto de ciudades europeas.

Los responsables del proyecto trabajan en diversos planes de innovación sostenible, que implican el aumento de la eficiencia energética, la sustitución de fuentes de energía fósiles por otras renovables, o la implantación del concepto "Utilizar en vez de tener", que pretende implantar prácticas como la de compartir coche.


- Imagen: neil hoskins -

Los ejemplos de iniciativas son muy diversas: el "Novartis Campus del Conocimiento" enseña los cambios estructurales necesarios en una vivienda para reducir significativamente el gasto en calefacción; el "Espacio Experimental de Movilidad" indica diversas medidas para lograr un transporte sostenible, como por ejemplo un proyecto para el desarrollo de los vehículos de hidrógeno o híbridos con sistema eléctrico y gas natural; en el área de "Suministros de Energía" se investiga en el campo de las energías renovables, con varios proyectos innovadores, como la obtención de metano a partir de la madera para ser utilizado como combustible para automóviles; etc.

Asimismo, las instituciones han puesto en marcha desde 2008 un programa de rehabilitación de edificios antiguos: el estudio de su estado energético es financiado y la posterior reforma se realiza mediante créditos de bajo interés.

Las ventajas de llevar a cabo esta idea se están extendiendo al resto de Suiza: la ciudad de Zurich aprobó en un referéndum la implantación de las medidas de la Sociedad 2.000 vatios, y Ginebra declaraba su interés también en 2008.

¿Es factible una sociedad de 2.000 vatios?

Los responsables de la Sociedad 2.000 vatios proponen el año 2050 para conseguir su objetivo. El presidente del ETH, Alexander J. B. Zehnder, afirma que los estudios piloto han demostrado la viabilidad del proyecto. Como ejemplo, señala que una vivienda convencional requiere 1.400 vatios por persona, mientras que otra construida con el estándar suizo "Minergie-P" necesita sólo de 350 a 550 vatios por persona.

Sin embargo, no todo el mundo piensa igual. Estudios recientes del Instituto Paul Scherrer, financiado por el Gobierno suizo y que también toma parte en la iniciativa, se muestran bastante más cautos: sus estimaciones más optimistas retrasan a finales de siglo el logro de su objetivo, considerando que a mediados de siglo el consumo se podría reducir hasta los 3.500 vatios. Incluso algunos investigadores del ETH han reconocido que se trata de un reto muy complicado, si bien creen que en definitiva se trata de un estímulo para que se asuman medidas en esa positiva dirección.

Por otra parte, algunos expertos sostienen que lograr el objetivo a mediados de siglo tal vez sea posible en un país como Suiza, pero para el resto del mundo los parámetros son tan exigentes que en la práctica no son realistas. El caso más paradigmático sería Estados Unidos, que tendría que dividir por seis su actual consumo energético, lo que requeriría incluso medidas más radicales.

Frente a estas afirmaciones, los defensores de una sociedad de 2.000 vatios responden que si los ciudadanos se convencen de que reducir su consumo de energía beneficiará no sólo al medio ambiente, sino también a su vida cotidiana, el objetivo es posible. Además, recuerdan que si se cumplen las negativas consecuencias del calentamiento global, causado principalmente por el gran consumo de energía no renovable, el cambio hacia una sociedad de 2.000 vatios no sólo será posible, sino necesario.


Fuente: http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/energia_y_ciencia/2009/02/09/183249.php

dijous, 12 de febrer del 2009

Aumentan la eficiencia de las células solares plásticas

La nueva tecnología permitirá que también
puedan alimentar dispositivos electrónicos
Tendencias Científicas, 6 feb (La Flecha).- Ingenieros de la Universidad de Chicago han desarrollado un nuevo material semiconductor que convierte la luz del sol en electricidad. El material mejorará la eficiencia de las células solares plásticas, que llegará a ser del 8%, frente al 6% conseguido hasta la fecha. Según sus creadores, una de las grandes ventajas de esta tecnología es que no necesitará tanto desarrollo como otras para que llegue a comercializarse. A finales de este año ya habrá un primer prototipo de 50 centímetros cuadrados y una vida útil de 3 años. Por Raúl Morales de Tendencias Científicas.
La empresa Solarmer Energy está desarrollando unas células solares plásticas para dispositivos electrónicos portátiles que incorporarán tecnología desarrollada por ingenieros de la Universidad de Chicago. Esta tecnología ha permitido aumentar la eficiencia de estas células solares plásticas, alcanzando hasta el 8%.
La empresa tiene la intención de completar un prototipo susceptible de ser comercializable a finales de este año. Según anunció la vicepresidente de alianzas estratégicas de Solarmer, Dina Lozofsky, este prototipo medirá 50 centímetros cuadrados y se espera que consiga un eficiencia del 8% y una vida útil de unos tres años.
"La clave en esta industria son nuevos materiales con una mayor eficiencia. Las células solares de plástico están por delante de otras tecnologías en términos de eficiencia", comenta Lozofsky en un comunicado. "Todo el mundo en este sector está en una eficiencia de entre un 5 y un 6 %".
La tecnología usada por Solarmer, un nuevo material semiconductor llamado PTB1, convierte la luz del sol en electricidad. Sus inventores han sido el profesor Luping Yu y el estudiante Yongye Liang, ambos de la Universidad de Chicago.
Capa activa
La capa activa del PTB1 no mide más de 100 nanómetros (nm) de espesor, más o menos como 1.000 átomos. Sintetizar una pequeña cantidad de este material conlleva muchas horas de trabajo y un proceso con muchas etapas.
La Universidad de Chicago licenció los derechos de la patente de la nueva tecnología el pasado mes de septiembre a favor de Solarmer. La licencia cubre varios polímeros desarrollados en el laboratorio de Yu.
Una de las ventajas de la tecnología es su simplicidad. Varios laboratorios de los Estados Unidos han inventado otros polímetros que alcanzan la misma eficiencia, pero que requieren un trabajo de ingeniería todavía más intenso para que esté, efectivamente, disponible comercialmente.
El equipo de investigación descubrió que sustituyendo un átomo de silicio por otro de carbono en la parte trasera del polímero se mejoraban significativamente las propiedades fotovoltaicas del material.
El límite del 6%
"Creemos que nuestros sistema tiene potencial", dice Yu. "El mejor sistema ha reportado como mucho una eficiencia del 6 %", dice Yu.
Efectivamente, hace casi dos años investigadores de Wake Forest University y del Instituto de Ciencia de Seúl desarrollaron una nueva célula fotovoltaica plástica con un rendimiento del 6%. En concreto, consiguieron crear nanofilamentos capaces de conducir las cargas producidas por la luz. Esto permite usar capas de absorción más gruesas (unos 120 nm) en el dispositivo y capturar más luz del sol. El polímero utilizado se conoce como P3HT.
Uniendo la experiencia de Solarmer, fundada en 2006 para desarrollar células solares plásticas baratas, y la de los investigadores de la Universidad de Chicago a la hora de desarrollar materiales semiconductores, se espera que el nuevo material llegue a tener todavía más eficiencia.
Yu empezó a trabajar con Solarmer por sugerencia del profesor de ciencias de los materiales e ingeniería de UCLA Yang. Las especialidades de Yu incluyen el desarrollo de nuevos polímeros (largas cadenas de átomos que se enganchan entre sí para de esa manera formar plástico y otros materiales).
Las células solares de silicio siguen dominando el mercado hoy por hoy. Los expertos, sin embargo, vaticinan que las células flexibles y de bajo coste terminarán por imponerse. Además, si se consigue la suficiente eficiencia, podrían ser útiles en otras aplicaciones más allá de los paneles solares convencionales.
"Con la crisis energética actual, es necesario un cambio tecnológico para hacer las células solares más populares", comenta Yang. "Esperamos que el nuevo polímero tenga otras aplicaciones. Nos lo podemos imaginar recubriendo una casa o un coche de láminas solares flexibles. Nuestros sueño es ver usadas nuestras células en todas partes".

Un dispositivo acoplado a turbinas eólicas marinas aprovecha la energía de las olas Tiene una capacidad de 500 kw. y permite optimizar los costes

Un dispositivo acoplado a turbinas eólicas
marinas aprovecha la energía de las olas Tiene una capacidad de 500 kw. y permite
optimizar los costes de estas instalaciones

Tendencias Científicas, 6 feb (La Flecha).- Ingenieros de la empresa británica Green Ocean Energy han creado un dispositivo flotante que aprovecha la energía de las olas. Esto no es una novedad. La novedad de esta tecnología es que puede ser acoplada a las turbinas eólicas instaladas en el mar. Según sus creadores, una de las grandes ventajas de este dispositivo es que exporta la electricidad a la red usando el mismo cable que la turbina de viento a la que está acoplado. Además, se podría optimizar el mantenimiento de ambas infraestructuras, reduciendo los costes. Green Ocean Energy espera probar el dispositivo, que tiene una capacidad de 500 kw, el año que viene para empezar su comercialización un año más tarde, en 2011. Por Raúl Morales.
Un dispositivo de energía undimotriz y que puede ser acoplado a turbinas eólicas instaladas en el mar ha pasado sus primeras pruebas y está muy cerca de ser comercializado.
Se llama Wave Treader, tiene capacidad para producir 500 kw de energía y ha sido desarrollado por la empresa británica Green Ocean Energy. Su peculiaridad es que está diseñado para acoplarse a turbinas eólicas instaladas en el mar, añadiendo más potencia energética y optimizando los costes, ya que ambas infraestructurasusarían el mismo cableado y se podrían mantener al unísono.
"Nos hemos basado en toda nuestra experiencia en el sector energético para desarrollar esta tecnología", comentaba George Smith, uno de los inventores, en un comunicado. "Ahora mismo estamos mirando un poco más allá para ver este dispositivo incorporado a parques eólicos instalados en el mar".
Wave Trader está pensado para ser instalado 2 ó 3 millas mar adentro. La tecnología se compone de unos estabilizadores flotantesque van montados al final de unos brazos delante y detrás de la columna de la turbina.
Además, unos cilindros hidráulicos están acoplados entre los brazos y una estructura que sirve como punto de contacto. Mientras las olas pasan a través del dispositivo, los estabilizadores flotantes y los brazos suben y bajan, golpeando los cilindros, lo que pone en marcha los motores hidráulicos y los generadores eléctricos.
Misma infraestructura
Una de las grandes ventajas de este dispositivo es que exporta la electricidad a la red usando el mismo cable que la turbina de viento a la que está acoplado.
Según Green Ocean Energy, estarán preparados para instalarse en lo que han llamado "Tercera Ronda" de turbinas eólicas instaladas en el mar. Se trata de una iniciativa de la Corona británica que consiste en "alquilar" zonas marinas para la instalación de parques eólicos. En el marco de esta Tercera Ronda tienen previsto generar 25 GW de energía en 2020.
A diferencia de rondas anteriores, los parques eólicos de la tercera serán más grandes y estarán más alejados de la costa.
El Reino Unido está apostando con fuerza por la energía obtenidadel mar. Así, según anunciaba la BBC hace unos meses, partes del lecho marino de Escocia van a ser alquilados a las empresas que quieran generar este tipo de energía.
Se calcula que una cuarta parte del potencial de energía marina en Europa se encuentra en el lecho marino que rodea la costa escocesa.
Los técnicos de Green Ocean Energy consideran que su tecnología es más viable comercialmente si se montan al mismo tiempo que las turbinas, ya que de este modo el riesgo técnico es mucho menor.
La historia de Wave Treader no es nueva. Nace como una continuación de otro generador undimotriz llamado "Ocean Treader", que tenía un diseño muy parecido pero, que en lugar de estar fijado a la turbina, flotaba suelto por el mar.
Dispositivo hermano
Ocean Treader, que también tiene una capacidad de 500 kW, será probado en el mar y en condiciones reales también en 2011, si la empresa lograr reunir los fondos para seguir con esta investigación.
Está pensado para ser instalado al norte del Océano Atlántico.Según sus creadores, un parque de Ocean Treader, que tiene una vida útil de 25 años, tendría capacidad para generar 43 MW de energía por kilómetro cuadrado de océano.
La empresa Prospect Flow Solutions está involucrada en el estudio de viabilidad de Wave Trader. Se ocupa de los análisis necesarios para determinar su estos dispositivos se pueden acoplar a una turbina eólica en el mar de manera efectiva.
Prospect examina el efecto que la instalación Wave Treader tendría sobre las estructuras de la turbina en términos de vida operativa y fiabilidad.
Los primeros análisis han puesto de manifiesto que la nueva tecnología puede ser adosada a las turbinas sin que haya que incrementar la capacidad estructural de los cimientos de éstas.
"Wave Treader es un prueba de que es posible obtener más ganancias de la energía del mar sin incrementar mucho los costes en infraestructura", recuerda Kevan Stokes, que es principalingeniero de Prospect.
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